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El nombramiento de Ivonne Mejía como directora general de Microsoft México marca un cambio en una industria donde, hace tres décadas, ocupar una mesa de decisión siendo mujer todavía significaba ser la excepción.
De Puebla a Microsoft México: una historia de liderazgo, transformación y una industria que también aprendió a cambiar
Hay noticias que uno lee y simplemente registra.
Y hay otras que te hacen regresar en el tiempo.
La noticia de que Ivonne Mejía asumió el 1 de septiembre de 2026 la Dirección General de Microsoft México, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar esa posición, me hizo regresar a los años noventa.
Y pensé:
Yo estuve ahí cuando apenas comenzaba.
Pero mi historia con Microsoft no comenzó en la Ciudad de México.
Comenzó en Puebla.
De Puebla a la Ciudad de México
Ahí inicié mi negocio, Spersa Puebla, una pequeña empresa que con el tiempo evolucionaría hasta convertirse en Micronext.
En aquellos años, la tecnología era todavía un territorio en construcción. Vendíamos principalmente hardware de HP y licenciamiento para universidades. Yo recorría la República Mexicana visitando clientes, construyendo relaciones y tratando de entender hacia dónde iba una industria que apenas comenzaba a transformar la manera de hacer negocios.
El software todavía no era lo principal en nuestro negocio.
Pero yo veía una oportunidad.
Entendía que la tecnología podía ser mucho más que un producto que se vendía. Podía convertirse en una herramienta para resolver problemas y generar valor para los clientes.
Y decidí apostar por ello.
Spersa Puebla evolucionó hacia Micronext.
Pero para llevar esa transformación al siguiente nivel tuve que tomar otra decisión importante: venirme a vivir a la Ciudad de México.
Eso significaba entrar a un mercado mucho más grande y competir con empresas que tenían muchos más recursos, infraestructura y reconocimiento que nosotros.
Micronext era una empresa pequeña, apoyada por un grupo de empresas dedicadas a la venta de hardware, pertenecientes a mi hermano Julián Abed.
Yo también estaba aprendiendo.
Pero tenía claro algo: no necesitábamos ser los más grandes para competir. Necesitábamos entender mejor al cliente, generar valor y construir relaciones de confianza.
Y fue ahí donde Microsoft apareció en mi camino.
La oportunidad de entrar al ecosistema Microsoft
Microsoft México era entonces una organización muy distinta a la que conocemos hoy.
Cuando yo comencé a relacionarme con ellos, tenían alrededor de 40 empleados en México.
Yo estaba entrando a un ecosistema que también estaba creciendo.
Felipe Sánchez era director de Microsoft en aquella época y fue una persona fundamental para mí. Él me dio la oportunidad de ingresar como partner y como la hermana chiquita de una empresa de mi hermano, Spersa México.
Para una empresa pequeña como Micronext, aquella oportunidad significaba muchísimo.
Pero una oportunidad solamente abre una puerta.
Después hay que aprovecharla.
Y ahí comenzó una de las etapas más importantes de mi vida empresarial.
Ser mujer en tecnología en los años noventa
Ser mujer en tecnología durante los años noventa significaba, muchas veces, ser la excepción.
En algún momento me enteré de que existía la posibilidad de que Microsoft me diera de baja como partner.
Mis resultados estaban ahí.
Cumplíamos con lo esperado.
El negocio funcionaba.
Sin embargo, percibía una resistencia particular hacia las mujeres por parte de la persona responsable del relacionamiento con los partners.
Fue un momento en el que tuve que defender mi trabajo, demostrar mis resultados y reafirmar el valor que Micronext aportaba al ecosistema.
Y lo hice.
Hoy puedo mirar aquel episodio con distancia y reconocer que fue una experiencia importante en mi formación.
Me enseñó que cuando crees en lo que estás construyendo, tienes que ser capaz de sostenerlo con resultados, con profesionalismo y con perseverancia.
Y también aprendí algo muy importante:
Los caminos se construyen con las personas.
Dentro de Microsoft encontré grandes colaboradores.
Personas que creyeron en mí, que me exigieron, que me enseñaron y que ayudaron a que Micronext creciera.
Felipe Sánchez fue quien abrió aquella primera puerta.
Después, directores como Jorge Silva y Juan Alberto González, Mario Contreras —quien estaba a cargo del área de educación—, Leonardo Gamez, entre muchos más que no acabaría de mencionar, fueron importantes en diferentes momentos de mi recorrido.
A ellos, y a muchas otras personas que fueron parte de ese camino, les guardo un profundo agradecimiento.
Porque mi historia con Microsoft no fue solamente una relación entre una empresa y un partner.
Fue también una relación de aprendizaje y crecimiento.
Cuando fui la única mujer en la sala
Hay una escena que todavía recuerdo.
En una reunión con un vicepresidente de Microsoft, sentía que me observaba mucho.
Al principio no entendía por qué.
Hasta que miré alrededor.
Todos los demás eran directores hombres.
Yo era la única mujer en la sala.
Entonces lo entendí.
Probablemente no me conocía. Yo era la excepción en aquella mesa y, sencillamente, estaba tratando de entender quién era yo y qué hacía ahí.
Después tuvimos interacción y la relación cambió.
Pero aquella escena se quedó conmigo.
Porque a veces no necesitas que alguien te diga que eres diferente.
Basta con mirar alrededor para darte cuenta de que eres la única.
Y, en aquellos años, ser la única también significaba tener la oportunidad de demostrar que había espacio para una manera diferente de liderar.
Microsoft también fue una escuela empresarial
Con el tiempo entendí que mi relación con Microsoft significaba mucho más que vender tecnología.
Significó crecer como empresaria.
Trabajar con Microsoft me ayudó a desarrollar una manera más corporativa de hacer negocios.
Aprendí a trabajar con objetivos claros.
A entregar resultados.
A construir un equipo eficiente.
A enfocarme en el servicio al cliente.
Y, sobre todo, aprendí que vender no era suficiente.
Había que dar valor.
Había que ganarse la confianza del cliente.
Y había que construir relaciones que fueran más allá de una transacción.
Eso transformó a Micronext.
La empresa se consolidó, se profesionalizó y logró reconocimiento en el mercado.
Y nuestra relación con Microsoft se convirtió en una verdadera alianza de negocio.
Ellos eran nuestro socio tecnológico y nosotros queríamos ser un socio confiable para ellos.
Esa relación fue fundamental para nuestro crecimiento.
Y por eso siempre estaré agradecida con las personas dentro de Microsoft que creyeron en mí y que me ayudaron a crecer como partner.
Competir con empresas más grandes
Cuando recuerdo aquella etapa, hay algo que me parece especialmente significativo.
Yo había comenzado en Puebla con una empresa pequeña.
Después evolucioné el negocio.
Me mudé a la Ciudad de México.
Y entré a competir con empresas mucho más grandes.
No teníamos su tamaño.
No teníamos sus recursos.
No teníamos su estructura.
Pero aprendimos que también se puede competir desde otro lugar.
Con cercanía.
Con servicio.
Con conocimiento del cliente.
Con capacidad de respuesta.
Con relaciones.
Y con la convicción de que una empresa pequeña puede generar un enorme valor cuando entiende realmente lo que necesita su mercado.
Esa fue, quizá, una de las grandes lecciones de aquellos años:
El tamaño de una empresa no determina el tamaño de su ambición.
Cuando vendí Micronext
En 2011 vendí Micronext.
Para entonces habían pasado muchos años desde aquella pequeña empresa que había comenzado en Puebla.
Yo también había cambiado.
Había aprendido a competir.
Había aprendido a dirigir equipos.
Había aprendido a negociar.
Había aprendido a construir relaciones de largo plazo.
Y había aprendido que una empresa no se consolida solamente por sus productos o sus ventas.
Se consolida cuando logra construir confianza.
Cuando miro hacia atrás, veo que Microsoft fue una parte muy importante de esa formación.
Y siempre recordaré con gratitud a quienes me dieron oportunidades, a quienes confiaron en mí y a quienes me ayudaron a crecer.
Porque todos ellos contribuyeron a la empresaria en la que me convertí.
Cuarenta años de Microsoft en México
Microsoft llegó a México en 1986 y este año cumple 40 años en el país. Aquella organización que comenzó con una presencia pequeña se ha convertido en una operación con más de 1,000 colaboradores y un ecosistema de más de 7,000 socios.
Cuando pienso en aquella Microsoft que conocí en los noventa y veo la organización que hoy trabaja con la nube, la inteligencia artificial y el desarrollo de talento en México, resulta impresionante dimensionar cuánto ha cambiado la industria.
La tecnología que yo conocí ya no existe.
Y eso es maravilloso.
Porque significa que la tecnología hizo lo que siempre ha hecho:
Transformarse.
De ser la primera a dejar de serlo
Por eso el nombramiento de Ivonne Mejía me parece tan significativo.
No solamente porque es la primera mujer en asumir la Dirección General de Microsoft México.
Sino porque representa cuánto ha cambiado la industria.
Cuando yo estaba construyendo Micronext en los años noventa, nunca pensé que estaba formando parte de una historia sobre mujeres en tecnología.
Yo estaba haciendo mi trabajo.
Estaba tratando de crecer.
Estaba viajando por México.
Estaba entrando a un mercado nuevo.
Estaba compitiendo con empresas mucho más grandes.
Estaba intentando demostrar que una empresa pequeña podía generar valor.
No estaba pensando en abrir camino.
Simplemente estaba caminando.
Y quizá eso es lo que hacemos muchas veces sin darnos cuenta.
Abrimos caminos simplemente porque nos atrevemos a recorrerlos.
Hoy una mujer llega por primera vez a la Dirección General de Microsoft México.
Y pienso en aquella mujer que salió de Puebla para venir a competir a la Ciudad de México.
Pienso en las reuniones donde fui la única mujer.
En las veces que tuve que demostrar mis resultados.
En las personas que me abrieron puertas.
En quienes creyeron en mí.
En quienes me exigieron.
En quienes me ayudaron a crecer.
Y pienso en las mujeres que vendrán después.
Ojalá ellas no tengan que demostrar lo que nosotras tuvimos que demostrar.
Ojalá puedan entrar a una sala llena de hombres sin preguntarse si pertenecen ahí.
Ojalá una niña que hoy está aprendiendo inteligencia artificial pueda imaginarse algún día dirigiendo una compañía tecnológica sin pensar que ese lugar tiene género.
Porque quizá el verdadero avance no sea que una mujer sea la primera.
El verdadero avance será cuando deje de ser noticia que una mujer llegue a la cima.
Yo tuve el privilegio de estar ahí en sus inicios.
Vi crecer a Microsoft México.
Vi crecer Micronext.
Vi transformarse la tecnología.
Vi transformarse los negocios.
Y también me transformé yo.
Por eso esta noticia me emociona.
Porque me permite mirar hacia atrás y entender que aquella pequeña empresa que comenzó en Puebla, aquella decisión de venir a la Ciudad de México, aquella apuesta por el software, aquella oportunidad que Felipe Sánchez me dio, aquellas reuniones donde fui la única mujer y aquellas personas que creyeron en mí fueron parte de una historia mucho más grande.
La historia de una industria que también estaba aprendiendo a crecer.
Y quizá lo más bonito es que esa historia todavía no termina.
Hace algunos años, yo entraba a una sala y era la única mujer.
Hoy, por primera vez, una mujer estará al frente de Microsoft México.
Y para quienes estuvimos ahí cuando todo esto apenas comenzaba, la noticia tiene un significado especial.
Porque sabemos cuánto ha cambiado el camino.
Y sabemos que todavía queda mucho por recorrer.
Pero quizá esta vez, cuando una mujer entre a esa sala, ya no tendrá que preguntarse si pertenece ahí.