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Una investigación de Hogan revela qué rasgos distinguen a los trabajadores más proclives a adoptar IA y cómo México acelera su uso.
La inteligencia artificial está cambiando la forma de trabajar, pero no todos los empleados parecen estar preparados para subirse al mismo tren.
Mientras en México 20.1% de la población en edad laboral ya utilizó IA generativa durante el primer trimestre de 2026, una investigación de Hogan Assessments pone el foco en un elemento menos tecnológico: la personalidad de quienes tienen mayor disposición para experimentar con estas herramientas.
El resultado dibuja un nuevo perfil profesional: el trabajador individual impulsado por IA. Es aquel que puede apoyarse en herramientas de inteligencia artificial para realizar tareas que antes requerían la participación de varios especialistas o equipos más grandes.
México acelera el paso
La adopción mexicana de IA generativa ya supera el promedio mundial. De acuerdo con el documento, en el primer trimestre de 2026 alcanzó 20.1%, frente a 17.8% global. Además, representa un incremento de 2.3 puntos porcentuales respecto al 16.7% registrado durante el primer semestre de 2025.
El desarrollo de habilidades también avanza. Desde septiembre de 2024, la iniciativa Elevate de Microsoft ha alcanzado aproximadamente 3.5 millones de personas en México, el equivalente a 70% de su meta de llegar a cinco millones para finales de 2027. El programa contempla fundamentos de IA, IA generativa, uso responsable, diseño de prompts y creación de agentes de IA.
Pero saber utilizar una herramienta no necesariamente significa querer utilizarla.
Ahí aparece el hallazgo que da otra dimensión a la discusión.
¿Quién quiere trabajar con IA?
La investigación de Hogan, realizada con un panel de casi 10 mil adultos trabajadores en Estados Unidos, encontró que los empleados con mayor propensión a adoptar IA suelen compartir determinadas características.
Entre ellas aparecen:
- Curiosidad: buscan explorar y aprender.
- Imaginación: se sienten cómodos experimentando con nuevas ideas.
- Adaptabilidad: toleran mejor la ambigüedad y los cambios.
- Orientación al logro: están motivados por alcanzar resultados y obtener reconocimiento.
- Apertura a lo no convencional: cuestionan las formas tradicionales de hacer las cosas.
- Interés por la innovación: buscan generar impacto mediante nuevas maneras de trabajar.
En otras palabras, el trabajador que recibe una nueva herramienta de IA y comienza a probar qué puede hacer con ella parece tener ventaja frente a quien espera instrucciones precisas antes de utilizarla.
Hogan señala que estos usuarios frecuentes tienden a ser inquisitivos, imaginativos y cómodos frente a la ambigüedad. También muestran apertura hacia formas de pensamiento poco convencionales y una búsqueda de impacto.
El otro lado de la moneda
La investigación también identifica el reverso de esta tendencia.
Los trabajadores más cautelosos, escépticos ante el cambio o sensibles a la incertidumbre podrían enfrentar mayores dificultades durante la transición hacia esquemas de trabajo mediados por IA. El documento advierte, además, que algunas de estas características pueden relacionarse con una mayor probabilidad de estrés y agotamiento laboral.
Por eso, el reto para las empresas no consiste simplemente en comprar licencias, capacitar usuarios y desplegar herramientas.
La velocidad de adopción también es humana.
Una organización puede colocar una herramienta de IA frente a cientos de empleados y obtener cientos de respuestas distintas: algunos experimentarán de inmediato; otros necesitarán estructura, acompañamiento y confianza para incorporarla a sus actividades.
El trabajador individual cambia la ecuación
La aparición del trabajador impulsado por IA plantea una consecuencia relevante para las empresas: algunas personas pueden aumentar de manera considerable su capacidad individual de producción.
La investigación señala que quienes adoptan tempranamente estas tecnologías podrían convertirse en innovadores internos, adoptantes tempranos y líderes de productividad.
Esto modifica también la conversación sobre talento.
El valor ya no estaría únicamente en cuántas personas integran un equipo, sino en qué pueden hacer esas personas cuando utilizan IA como multiplicador de sus capacidades.
Para los líderes empresariales, la conclusión es menos tecnológica y más organizacional: no todos los empleados se adaptarán al mismo ritmo. Hogan recomienda fomentar la innovación responsable entre los primeros usuarios y, al mismo tiempo, ofrecer claridad, estructura y confianza a quienes se sienten menos cómodos ante cambios acelerados.
Alise Dabdoub, Directora de Innovación de Producto y Ciencia de Datos de Hogan Assessments, resume el planteamiento al señalar que la personalidad puede influir en quién tiene mayor probabilidad de adoptar, experimentar y utilizar IA para mejorar su desempeño.
El mensaje para las empresas es claro: la transformación con IA no empieza ni termina con la tecnología. También requiere identificar cómo responden las personas al cambio, desarrollar sus capacidades y evitar que la velocidad de innovación termine convirtiéndose en una fuente adicional de presión.
En la nueva ecuación laboral, la IA pone las herramientas sobre la mesa. La personalidad determina, en buena medida, quién se atreve a probarlas primero.