La jornada laboral de 40 horas en 2030 trae desafíos y oportunidades en el control de horarios y en la eficiencia empresarial.
La reducción de la jornada laboral hacia las 40 horas en 2030 pone a trabajar a todo el canal.
Con el registro electrónico de la jornada previsto para 2027, las empresas necesitarán software para controlar horarios, generar trazabilidad y cumplir con la normativa.
Y como habrá menos horas disponibles, habrá que producir más en ellas. Ahí entran la IA, la automatización, la nómina digital y las herramientas de productividad.
El mensaje es sencillo: ya no vendan computadoras y equipo suelto; vendan horas recuperadas.
Lo bueno:
Los gobiernos de España y México estrecharán su colaboración en proyectos de inteligencia artificial, supercomputación, centros de datos, conectividad y ciberseguridad, además de digitalización de servicios públicos, identidad digital y formación de talento de acuerdo con un memorándum firmado por el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López y el director de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones de México, José Antonio Peña Merino.
Ingram Micro México superó las versiones previas de la entrega de Los Soles. Para celebrar los 30 años del evento, el mayorista reunió a sus principales aliados y los celebró por sus resultados y constancia, además de por el interés en especializarse.
Lo malo:
El conflicto entre TVC y Dahua deja una lección bastante incómoda: depender demasiado de una marca puede convertir al mayorista en rehén de su propio negocio.
El distribuidor invierte en inventario, capacitación, canales y mercado. Pero si el fabricante cambia las reglas, todo ese esfuerzo puede quedar comprometido.
Diversificar marcas no es infidelidad comercial; es supervivencia.
Lo feo:
Una cosa es que, para aliviar su flujo y cartera vencida, un mayorista se ocupe de cobrar una deuda y otra convertir la cobranza en una película de terror.
Suspender crédito o acudir a las vías legales es parte del negocio. Amenazar, hostigar o presionar mediante prácticas intimidatorias es otra historia.
¿De verdad hace falta tratar al canal moroso como delincuente para recuperar una factura?