Kaspersky: siete claves para vender ciberseguridad ante el crimen como servicio

Por Omar Barrera


El modelo Cybercrime as a Service permite a los delincuentes contratar herramientas, comprar accesos a redes empresariales y distribuir malware. Kaspersky recomienda a los integradores fortalecer sus capacidades de prevención, respuesta a incidentes e inteligencia de amenazas.

El cibercrimen opera cada vez más como una industria de servicios: los delincuentes pueden contratar herramientas para robar credenciales, comprar accesos a redes empresariales y distribuir ransomware sin desarrollar su propia tecnología. Este modelo, conocido como Cybercrime as a Service (CaaS), representa un desafío para las organizaciones y una exigencia para los distribuidores e integradores que comercializan soluciones de ciberseguridad.

Isabel Manjarrez, especialista de seguridad en Kaspersky, explicó durante su participación en IT Solutions Day 2026 que la especialización y automatización de las operaciones criminales reducen las barreras técnicas para ejecutar ataques.

La oferta de estos servicios incluye kits de phishing, programas para robar información, ransomware, redes de bots e infraestructura para mantener operativas las plataformas de los atacantes.

De acuerdo con los precios expuestos por Manjarrez, algunos servicios de phishing se comercializan mediante suscripciones desde 50 dólares mensuales, mientras que las herramientas de ransomware pueden encontrarse desde aproximadamente 130 dólares. Los intermediarios que venden accesos iniciales a sistemas comprometidos pueden cobrar entre 500 y 10 mil dólares, según el valor de la red o los recursos a los que permiten entrar.

Estas cifras ilustran cómo los ciberdelincuentes pueden adquirir capacidades específicas sin desarrollar por cuenta propia todas las herramientas necesarias para ejecutar una operación.

El cibercrimen funciona como una cadena de suministro

El modelo CaaS reproduce características de una estructura empresarial: división del trabajo, especialización, automatización, infraestructura compartida y distribución de ingresos.

En esta cadena participan desarrolladores de malware, vendedores de accesos iniciales, operadores de ransomware, afiliados que distribuyen amenazas y proveedores de infraestructura. Cada actor puede concentrarse en una etapa del ataque y comercializar sus servicios a otros grupos.

Entre ellos destacan los Initial Access Brokers (IAB), intermediarios que obtienen y venden accesos a redes y sistemas comprometidos. Estos accesos pueden utilizarse posteriormente para robar información, desplegar ransomware o extorsionar a las organizaciones.

Manufactura, salud, servicios financieros y administración pública figuran entre los sectores de interés mencionados por la especialista.

Otro componente es el Ransomware as a Service (RaaS), que permite a terceros utilizar herramientas de cifrado y extorsión desarrolladas por otros operadores. Según los esquemas descritos por Manjarrez, los afiliados pueden recibir entre 70% y 80% de las ganancias, mientras que los operadores obtienen alrededor de 20%, aunque el reparto depende de las condiciones de cada servicio.

Phishing y ransomware pueden formar parte de un mismo ataque

La industrialización del cibercrimen permite conectar diferentes herramientas y servicios en una sola operación. Un ataque puede comenzar con un mensaje de phishing para capturar credenciales, continuar con la instalación de malware y derivar en la venta de accesos o el despliegue de ransomware.

Manjarrez señaló que el proceso entre la captura de credenciales y la ejecución de ransomware puede tomar cerca de 24 horas. Este plazo refuerza la importancia de detectar las señales de compromiso y contener una intrusión antes de que afecte la operación de una empresa.

Además del cifrado de archivos y la exigencia de rescates, los delincuentes pueden amenazar con publicar información robada o utilizar datos confidenciales para presionar a sus víctimas.

La inteligencia artificial también puede contribuir a la evolución de estas operaciones. Su uso abre posibilidades para automatizar tareas y adaptar las interacciones con las víctimas, lo que incrementa la necesidad de que las organizaciones conozcan las amenazas y fortalezcan sus controles.

Siete recomendaciones de Kaspersky para los integradores

Ante este escenario, los distribuidores e integradores necesitan ampliar sus capacidades para ayudar a sus clientes a prevenir ataques, identificar compromisos y responder a incidentes. Manjarrez compartió siete recomendaciones dirigidas al canal de distribución.

1. Adoptar una estrategia proactiva de ciberseguridad

El integrador debe ayudar a sus clientes a identificar riesgos antes de que ocurra un incidente. Esto implica evaluar vulnerabilidades, revisar controles de protección y establecer medidas preventivas acordes con la operación de cada organización.

2. Desarrollar capacidades de respuesta a incidentes

La prevención no elimina por completo el riesgo. Por ello, el canal puede apoyar a sus clientes en la definición de protocolos para detectar, contener y atender ataques, así como en la preparación de procedimientos que reduzcan el impacto sobre la continuidad del negocio.

3. Incorporar inteligencia de amenazas

Conocer las herramientas, los métodos y las etapas de operación de los grupos criminales permite orientar mejor las medidas de protección. El integrador puede utilizar inteligencia de amenazas para identificar riesgos relevantes para cada cliente y fortalecer sus recomendaciones de seguridad.

4. Pasar de la venta de licencias a los servicios continuos

La comercialización de productos puede complementarse con servicios de configuración, implementación, capacitación, monitoreo y seguimiento. Este enfoque permite al integrador mantener contacto con sus clientes, revisar sus necesidades y acompañarlos en la evolución de sus controles de seguridad.

5. Fortalecer los fundamentos de ciberseguridad antes de incorporar IA

La inteligencia artificial no sustituye las medidas básicas de protección. Las organizaciones necesitan mantener controles sólidos de acceso, protección de información y prevención de amenazas antes de incorporar nuevas tecnologías a sus procesos.

6. Entender los riesgos de la IA para empresas y atacantes

El canal debe capacitarse para reconocer cómo las organizaciones utilizan inteligencia artificial y qué riesgos pueden surgir por accesos indebidos, exposición de información o configuraciones deficientes. También necesita comprender cómo los atacantes pueden aprovechar estas tecnologías para ampliar sus operaciones.

7. Aprovechar la capacitación y las certificaciones de los fabricantes

Los programas de formación permiten actualizar conocimientos técnicos y comerciales, así como desarrollar capacidades para implementar y administrar soluciones de seguridad. Kaspersky cuenta con rutas de capacitación sobre amenazas como el ransomware y los intermediarios de accesos iniciales.

La oportunidad comercial está en la protección continua

El crecimiento del CaaS obliga a los integradores a considerar la ciberseguridad como un proceso permanente, no únicamente como una compra de software o hardware.

Para el canal, esto significa evaluar las necesidades de cada cliente y combinar soluciones, capacitación, prevención, monitoreo e intervención ante incidentes. También implica considerar los riesgos asociados con proveedores y socios comerciales, ya que una vulnerabilidad en un tercero puede convertirse en una vía de entrada a la organización.

La especialización de los delincuentes plantea un desafío técnico, pero también exige al canal fortalecer su conocimiento y capacidad de acompañamiento. Los integradores que desarrollen competencias para identificar amenazas, preparar respuestas y mantener controles actualizados podrán ofrecer una protección más alineada con los riesgos que enfrentan las empresas.

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