El verdadero reto energético de los centros de datos no es la IA

Por InfoChannel High Tech Editores
Jostein Birkeland, Principal Technologist de Transformación Sostenible en HPE.
Jostein Birkeland, Principal Technologist de Transformación Sostenible en HPE.

Mientras la inteligencia artificial concentra la atención de la industria, la mayor parte del consumo energético de los centros de datos sigue proviniendo de la infraestructura tradicional. Para integradores y especialistas en energía, ahí se encuentra la principal oportunidad de negocio y eficiencia.

Durante los últimos dos años, la conversación tecnológica ha estado dominada por una narrativa recurrente: la inteligencia artificial consumirá cantidades extraordinarias de energía y pondrá a prueba la capacidad de las redes eléctricas. La preocupación es legítima. Sin embargo, existe un dato que rara vez ocupa los titulares y que debería llamar mucho más la atención de integradores de tecnología, especialistas en infraestructura y empresas dedicadas a la administración de energía.

El verdadero “elefante blanco” en los centros de datos no es la IA. Es la enorme base instalada de infraestructura tradicional que opera diariamente en empresas, nubes privadas, centros de colocación y servicios digitales convencionales.

De acuerdo con los datos citados por Jostein Birkeland, Principal Technologist de Transformación Sostenible en HPE, la inteligencia artificial representó apenas entre 10% y 15% del consumo energético global de los centros de datos durante 2024, mientras que la TI convencional concentró entre 85% y 90% del gasto energético.

La cifra resulta reveladora porque desmonta una percepción ampliamente extendida en el mercado. Mientras directivos, medios y proveedores discuten sobre el impacto energético de los modelos generativos, miles de servidores heredados, aplicaciones ineficientes, sistemas de almacenamiento sobredimensionados y arquitecturas con bajos niveles de utilización continúan consumiendo electricidad de manera permanente.

Para México, esta realidad adquiere una relevancia estratégica.

El país se está consolidando como uno de los principales polos de centros de datos en América Latina, con inversiones proyectadas superiores a los 18 mil millones de dólares hacia 2030. Al mismo tiempo, la demanda de capacidad energética para soportar esta expansión se convertirá en uno de los factores críticos para la competitividad digital nacional.

En este contexto, los integradores de soluciones tecnológicas tienen ante sí una oportunidad que va mucho más allá de vender infraestructura para inteligencia artificial.

La nueva conversación comercial

Durante años, muchos proyectos de modernización se justificaron por razones de desempeño, disponibilidad o seguridad. Hoy existe un argumento adicional que puede ser incluso más convincente para los directores financieros: la eficiencia energética.

La conversación con los clientes está evolucionando. Ya no basta con demostrar que una plataforma es más rápida o más escalable. Cada vez será más importante cuantificar cuánto reduce el consumo eléctrico, cuánto disminuye los costos operativos y cuánto contribuye a los objetivos corporativos de sostenibilidad.

Esto abre espacios de negocio para integradores especializados en:

  • Modernización de servidores y almacenamiento.
  • Consolidación de cargas de trabajo.
  • Virtualización y optimización de infraestructura.
  • Gestión inteligente de energía.
  • Sistemas avanzados de enfriamiento.
  • Monitoreo energético en tiempo real.
  • Automatización de operaciones de centros de datos.

Paradójicamente, muchas de estas iniciativas ofrecen retornos más inmediatos que algunos proyectos relacionados con IA.

El mercado de energía y TI comienza a converger

Otro fenómeno relevante es la creciente convergencia entre los sectores de tecnología y energía.

Tradicionalmente, ambos mundos operaban de forma separada. Los responsables de TI se enfocaban en disponibilidad y rendimiento; los especialistas energéticos se concentraban en consumo eléctrico e infraestructura física.

Esa división ya no es sostenible.

Las organizaciones están descubriendo que la eficiencia digital y la eficiencia energética forman parte del mismo problema empresarial. Un servidor infrautilizado no sólo representa una mala inversión tecnológica; también constituye un gasto energético innecesario que impacta costos, sostenibilidad y capacidad de crecimiento.

Por ello, los integradores que comprendan simultáneamente la operación de los centros de datos y la gestión energética tendrán una ventaja competitiva significativa durante los próximos años.

La oportunidad está en lo que ya existe

Quizá la conclusión más importante es que las mayores ganancias energéticas no necesariamente vendrán de tecnologías futuras, sino de optimizar lo que ya está instalado.

El documento destaca medidas conocidas por la industria: racionalización del almacenamiento, eliminación de aplicaciones ineficientes, renovación de hardware obsoleto, mejor ubicación de cargas de trabajo, optimización del flujo de aire, refrigeración líquida y recuperación de calor. Todas ellas están disponibles hoy y pueden aplicarse tanto a entornos tradicionales como a plataformas de IA.

Esto representa una ventaja para el canal tecnológico. No se requiere esperar la siguiente innovación disruptiva. Las herramientas existen, los casos de uso son conocidos y la necesidad del mercado es cada vez más evidente.

Más allá del entusiasmo por la IA

La inteligencia artificial seguirá impulsando inversiones y transformando industrias. Nadie discute su relevancia. Sin embargo, para los integradores de soluciones tecnológicas y los especialistas en administración de energía, la verdadera pregunta es dónde se encuentra actualmente el mayor potencial de ahorro y optimización.

Los datos sugieren una respuesta clara: en la infraestructura tradicional que sostiene la economía digital todos los días.

Mientras el mercado observa el crecimiento energético de la IA, la mayor parte de la electricidad sigue siendo consumida por sistemas convencionales. Ignorar esa realidad puede ser un error estratégico. Atenderla, en cambio, puede convertirse en una de las oportunidades de negocio más rentables para el canal tecnológico durante esta década.

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