El aumento del fraude y los rechazos en pagos está convirtiendo el proceso de cobro en un punto crítico para la rentabilidad, la conversión y la relación con clientes. En un entorno de consumo presionado, cobrar mal ya no es un error operativo, sino un riesgo estratégico.
Las empresas están perdiendo dinero antes de cobrarlo. El crecimiento del fraude digital y los rechazos al momento del pago están transformando el proceso de cobro en un cuello de botella que presiona márgenes, afecta la conversión y deteriora la experiencia del cliente.
En 2024, el fraude digital superó los 6 millones de incidentes y generó pérdidas superiores a 20 mil millones de pesos para las empresas mexicanas, de acuerdo con The Competitive Intelligence Unit (The CIU). Más allá del impacto económico, las cifras revelan una falla estructural: muchas arquitecturas de cobro no están diseñadas para distinguir con precisión entre riesgo real y ventas legítimas.
“Hoy la discusión es de precisión operativa. Una mala calibración del riesgo en el cobro impacta directamente margen y conversión: o se pierden ventas legítimas o se absorben pérdidas por fraude. No hay un tercer escenario”, afirma Javier Huerta, Country Manager de Flow en México, paytech especializada en soluciones de pago para empresas.
Identidades sintéticas elevan el costo del error
El escenario se vuelve más complejo en 2025. Datos de la plataforma Sumsub muestran que el fraude digital creció 27% en el primer trimestre del año frente al mismo periodo anterior, impulsado principalmente por el uso de identidades sintéticas, perfiles diseñados para evadir controles tradicionales de validación.
“El resultado es un escenario más costoso para las organizaciones. Elevar filtros reduce el fraude, pero también la conversión; relajarlos protege ventas de corto plazo, pero abre la puerta a pérdidas mayores”, explica Huerta.
Cobrar bien define quién crece
El impacto es especialmente visible en sectores intensivos en transacciones digitales. De acuerdo con Sumsub, el sector financiero registra incrementos de fraude de 148.89%, seguido por plataformas de juego con transacciones monetarias (113.48%) y comercio electrónico (106.25%).
Sin embargo, el problema trasciende a estos verticales. Cuando el cobro falla, las empresas pierden ingresos que ya habían vendido, enfrentan contracargos, incrementan costos operativos y deterioran su reputación. En un contexto de márgenes ajustados y consumo presionado, los errores en el cobro se traducen directamente en fricción, pérdida de clientes y menor crecimiento.
“La diferencia no estará en quién procesa más pagos, sino en quién los procesa con mayor control y precisión. Las empresas que sigan tratando el cobro como un trámite operativo van a pagar ese error con crecimiento”, advierte Huerta.
Más control, menos fricción
La respuesta del mercado apunta hacia arquitecturas de cobro más precisas y auditables. No se trata de sumar fricción, sino de evaluar cada transacción en tiempo real mediante geolocalización, validación de datos, análisis de patrones de comportamiento y trazabilidad del proceso.
Prácticas como la tokenización de datos sensibles, los motores antifraude en tiempo real y la visibilidad integral del flujo de ingresos permiten reducir pérdidas, mejorar la toma de decisiones y anticipar patrones de fraude antes de que escalen.
“El fraude evoluciona más rápido que los controles tradicionales. Por eso, cobrar bien dejó de ser un indicador de eficiencia operativa y pasó a ser una condición para sostener el crecimiento. Cuando el consumo está presionado, cobrar mal ya no es un error operativo, es una amenaza directa para el negocio”, afirmó Javier Huerta.