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El 46% de las empresas familiares en México enfrenta riesgos para su continuidad. CIFEM-IPADE identifica fallas en sucesión, institucionalización y gobierno corporativo.
La falta de planes de sucesión, estructuras de gobierno y mecanismos para resolver conflictos familiares compromete la continuidad de las empresas familiares en México. El 46% de las organizaciones participantes en un estudio del Centro de Investigación para Familias de Empresarios (CIFEM), de IPADE Business School, presenta distintos niveles de riesgo para subsistir a mediano plazo, mientras que solo 7% considera estar en orden en materia de institucionalización.
De acuerdo con el estudio Nivel de progreso de las empresas familiares para lograr su continuidad y armonía. Reporte 2025, 21% de las empresas analizadas se encuentra en un nivel alto de riesgo y 25% se aproxima a una zona intermedia. Los resultados apuntan a deficiencias en la planeación de la sucesión, la profesionalización de la gestión y la separación entre las responsabilidades familiares y empresariales.
La investigación, presentada el 15 de octubre de 2026, corresponde a la séptima edición del reporte y reúne las respuestas de 276 integrantes de empresas familiares. De la muestra, 72% corresponde a pequeñas y medianas empresas, distribuidas en partes iguales entre ambos segmentos; 16% son organizaciones grandes y el resto corresponde a empresas de otras dimensiones.
Sucesión generacional, uno de los principales desafíos
El relevo generacional constituye uno de los puntos críticos para la supervivencia de estas organizaciones. El estudio señala que 49% de las familias participantes enfrenta riesgos relacionados con la falta de definición de tiempos y procesos para realizar una transición ordenada. Otro 43% tiene asuntos importantes pendientes en esta materia.
La composición generacional de las empresas ayuda a dimensionar el desafío: 68% permanece en la primera generación, 23% está en la segunda y apenas 9% ha llegado a la tercera generación o posteriores. Esta última proporción se encuentra por debajo de la referencia mundial de 11% citada en el reporte.
Además, 32% de los líderes empresariales tiene más de 60 años y aproximadamente 98% pertenece a la familia propietaria. Cerca de 70% desempeña simultáneamente distintas funciones vinculadas con la familia, la propiedad, el gobierno y la administración del negocio.
Esta concentración de responsabilidades puede dificultar la continuidad cuando el conocimiento, las decisiones y las relaciones comerciales dependen de una sola persona o de un grupo reducido de familiares.
Institucionalización y profesionalización, asignaturas pendientes
La institucionalización es el ámbito en el que las empresas analizadas presentan mayores necesidades de mejora. Solo 7% manifiesta estar en orden, mientras que 64% requiere acciones inmediatas y 29% mantiene áreas de oportunidad.
Para Ricardo Aparicio Castillo, profesor de las áreas de Factor Humano y de Empresa-Familia, y director del CIFEM de IPADE, la continuidad exige que la operación deje de depender exclusivamente de sus fundadores o propietarios.
“Institucionalizar una empresa familiar significa darle vida propia. Esto es, que su conducción no dependa de una o pocas personas, sino de órganos de gobierno que permitan asegurar la continuidad del proyecto empresarial”, explicó.
El directivo añadió que los resultados muestran que la institucionalización es uno de los principales temas pendientes para las familias participantes.
La profesionalización también representa un reto: 60% de las organizaciones no está en orden en este ámbito, particularmente en las reglas para incorporar familiares al negocio, establecer condiciones para su permanencia y definir su salida.
Estas carencias muestran la importancia de formalizar criterios de contratación, responsabilidades, evaluación del desempeño y mecanismos de toma de decisiones, en lugar de dejar estos procesos sujetos exclusivamente a las relaciones familiares.
Los conflictos familiares también afectan al negocio
La gestión de las relaciones familiares es otro factor que incide en la continuidad empresarial. Según el estudio, apenas 7% de las familias aborda oportunamente sus conflictos; 33% posterga su resolución y 60% se encuentra en una situación de peligro potencial en este rubro.
Los desacuerdos no resueltos pueden trasladarse a la administración, la propiedad y las decisiones estratégicas, especialmente cuando no existen mecanismos formales para resolver diferencias entre familiares.
En cuanto a la unidad y armonía familiar, 37% de los participantes percibe mejoras, mientras que 24% reporta un deterioro. El resto no queda caracterizado en esas dos categorías con la información proporcionada por el estudio.
Crecimiento económico no garantiza continuidad
Los resultados muestran que el desempeño financiero favorable no necesariamente se traduce en una estructura preparada para sobrevivir al relevo generacional.
Durante los últimos tres años, 70% de las empresas participantes reportó crecimiento en ventas y 65% registró un incremento patrimonial. Sin embargo, 42% no distribuye dividendos y solo 29% indicó que estos aumentaron.
Estos indicadores reflejan dos dimensiones distintas del negocio: por un lado, la evolución de las ventas y el patrimonio; por otro, las reglas para distribuir los beneficios y organizar las relaciones entre la familia propietaria y la empresa.
El reporte también señala que 50% de las organizaciones mantiene asuntos pendientes por resolver. Dentro de este grupo, 30% se encuentra cerca de una zona de riesgo y 7% podría avanzar hacia una situación favorable. Asimismo, únicamente 4% de las empresas participantes presenta un nivel adecuado de progreso.
Dos prioridades para asegurar la continuidad
Ante estos resultados, CIFEM-IPADE plantea dos líneas de trabajo para las empresas familiares: fortalecer la unidad y armonía de la familia, y formalizar los órganos de gobierno empresariales y familiares mediante estructuras y procedimientos que respalden la continuidad entre generaciones.
Esto implica definir con anticipación quién dirigirá la empresa, cómo se tomarán las decisiones estratégicas, qué responsabilidades tendrá cada integrante de la familia y qué mecanismos permitirán resolver conflictos sin comprometer la operación.
Para las pequeñas y medianas empresas, que representan 72% de la muestra, el desafío consiste en avanzar hacia reglas y procesos formales sin perder la agilidad operativa que caracteriza a muchas organizaciones de este segmento.
Los hallazgos del reporte sitúan la sucesión y la institucionalización como factores centrales para la permanencia de las empresas familiares. Aunque una proporción importante reporta crecimiento comercial y patrimonial, la continuidad dependerá también de su capacidad para distribuir responsabilidades, profesionalizar la gestión y preparar a las siguientes generaciones.