Crónica desde una reunión del Homebrew Computer Club
Menlo Park, California. Marzo de 1975.
Si uno llega temprano, el garaje todavía huele a estaño quemado y a café barato. No hay corbatas, ni ejecutivos, ni presentaciones en diapositivas. Solo mesas plegables, cables sueltos, cuadernos cuadriculados y una sensación extraña: la certeza de que algo importante está a punto de ocurrir, aunque nadie lo diga en voz alta.
Al fondo del garaje, el anfitrión, Gordon French, revisa que todos tengan lugar. A su lado aparece Fred Moore, un activista tecnológico convencido de que las computadoras no deben quedarse encerradas en universidades o corporaciones. La idea es simple: reunir gente que quiera construir computadoras en casa.
Así nació el Homebrew Computer Club.
Esa noche de marzo, los asistentes se inclinan sobre una caja metálica con luces intermitentes. No es una computadora personal todavía —ese concepto ni siquiera existe—, pero todos miran el aparato con la emoción de quien ve el futuro por primera vez.
Es el Altair 8800, el primer microcomputador que muchos de ellos no han visto fuera de una revista.
Nadie imagina todavía que, en ese mismo garaje, se estaba encendiendo la chispa de la industria tecnológica moderna.
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La reunión
El moderador improvisado levanta una vara de madera para llamar al orden. Es Lee Felsenstein, quien oficia como árbitro del entusiasmo colectivo.
—Quien tenga algo que mostrar, que pase al frente —dice.
Y entonces comienza el desfile.
Uno trae una tarjeta de memoria ensamblada a mano.
Otro muestra cómo modificar el Altair para hacerlo más rápido.
Alguien reparte copias de un esquema eléctrico dibujado a lápiz.
No hay patentes, ni secretos industriales. Todo se comparte.
Un joven tímido enseña un circuito que permite mostrar gráficos rudimentarios en pantalla. En otro rincón, alguien habla de cómo escribir programas en un lenguaje más simple que el ensamblador.
En ese momento, todos parecen aficionados.
Años después, varios serán millonarios.
Los personajes que rondaban el garaje
Al mirar alrededor se distinguen algunas figuras que más tarde cambiarán la historia de la tecnología.
- Steve Wozniak
Ingeniero brillante obsesionado con diseñar computadoras simples y elegantes. En esas reuniones mostraría prototipos que después se convertirían en la base de Apple Inc.. - Harry Garland y Roger Melen
Fundadores de Cromemco, empresa pionera en tarjetas gráficas y sistemas microcomputacionales. - George Morrow
Futuro creador de Morrow Designs, compañía clave en los primeros sistemas personales. - Adam Osborne
Visionario que lanzaría la primera computadora portátil comercial mediante Osborne Computer Corporation. - Bob Marsh
Cofundador de Processor Technology, fabricante de hardware para microcomputadoras. - John Draper
El célebre “Captain Crunch”, hacker legendario de la cultura telefónica. - Li-Chen Wang
Programador que desarrolló Palo Alto Tiny BASIC, lenguaje clave para los primeros sistemas domésticos. - Jerry Lawson
Ingeniero que inventaría el primer sistema de videojuegos con cartuchos intercambiables.
En ese momento ninguno de ellos parece especialmente famoso.
Solo parecen obsesivos felices rodeados de cables.
Después del garaje
Cuando termina la sesión formal, nadie se va a casa.
El grupo camina hasta un bar cercano en El Camino Real llamado The Oasis.
Ahí continúan las discusiones.
En las mesas del bar se habla de memoria RAM, de nuevos microprocesadores y de cómo hacer que una computadora sea lo suficientemente barata para que alguien pueda tener una en su casa.
La conversación parece delirante.
En 1975, una computadora cuesta lo mismo que una casa.
El boletín que encendió Silicon Valley
Las ideas del club no se quedaban en el garaje. Circulaban en un pequeño boletín llamado Homebrew Computer Club Newsletter, cuya primera edición apareció el 15 de marzo de 1975.
Ese documento se convirtió en una especie de red social analógica.
Ahí se compartían:
- diagramas de circuitos
- código fuente
- anuncios de nuevos kits
- debates sobre software
En una de esas ediciones apareció un texto que generó polémica: la “Open Letter to Hobbyists” escrita por Bill Gates.
En la carta, Gates criticaba a los aficionados por copiar programas sin pagar.
Era la primera discusión pública sobre piratería de software.
Cronología del Homebrew Computer Club
1975
- Primera reunión en el garaje de Gordon French.
- Presentación del Altair 8800.
1975–1977
- Publicación de 21 números del boletín del club.
- Aparición de numerosos kits de computadoras.
Finales de los 70
- Surgen empresas fundadas por miembros del club.
- Se consolida la industria de la computadora personal.
2001
- Primer reencuentro en el auditorio del Stanford Linear Accelerator Center.
2013
- Segundo reencuentro en el Computer History Museum.
Si el club siguiera reuniéndose hoy
Uno puede imaginar el mismo garaje, pero con otros temas sobre la mesa.
Si el Homebrew Computer Club continuara activo en 2026, probablemente discutiría:
- computadoras cuánticas de escritorio
- inteligencia artificial abierta
- chips neuromórficos
- hardware open source
- privacidad digital
- fabricación de procesadores DIY
En vez de mostrar tarjetas de memoria, alguien conectaría un modelo de IA a un procesador experimental.
En lugar de discutir kilobytes, hablarían de petabytes.
Pero el espíritu sería exactamente el mismo.
Un grupo de personas convencidas de que la tecnología no debería pertenecer solo a las grandes empresas.
Epílogo
Aquella noche de 1975 nadie pensaba que estaba fundando Silicon Valley.
Solo querían construir computadoras en casa.
Pero en ese garaje se instaló una idea peligrosa:
que cualquiera podía crear tecnología.
Y cuando esa idea se propaga, ya no hay laboratorio capaz de contenerla.