Mexicano crea prótesis electrónicas con capacidad sensorial

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Vulnerable. Triste. Enojada. Así se siente una persona cuando sabe que a partir de un momento su vida depende de un dispositivo externo. Y no estoy hablando de la tableta o el teléfono celular, sino de algo que fuera imprescindible para seguir viviendo.

Cuando se recibe la noticia de que el organismo necesita algún aparato para seguir funcionando, esa verdad apanica. Pero la cosa se puede poner más extrema si no hay prótesis o marcapasos disponibles –o lo que sea que necesite-.

El Instituto Tecnológico de Monterrey dio a conocer la labor que hace uno de sus ex alumnos, el investigador mexicano, Max Ortiz Catalán, quien trabaja en las universidades suecas de Chalmers  y Gotemburgo. Ahí, Ortiz lidera a un grupo de científicos que desarrolló prótesis de brazo controladas por interfaces neuromusculares.

En un despliegue tecnológico, estas prótesis electrónicas se controlan a través de interfaces neuromusculares implantadas. Tienen un sistema de implante óseo-integrado (anclado al hueso) que son capaces de generar en el paciente estímulos sensoriales como el tacto y que brindan a los pacientes nuevas oportunidades en su vida diaria y en sus actividades profesionales.

Ortiz presentó el caso de un paciente sueco que hace 10 años perdió el brazo a la altura del codo y ahora es la primera persona del mundo en recibir una prótesis con conexión directa al hueso, nervios y músculos.

Ortiz dijo que “ir más allá del laboratorio para permitir al paciente enfrentar los retos del mundo real es la principal contribución de este trabajo”.

Fusión hombre-máquina

Ortiz explicó que usaron la integración ósea para crear una fusión estable a largo plazo entre el hombre y la máquina integrándolas a diferentes niveles. “El brazo artificial está directamente unido al esqueleto, lo que brinda estabilidad mecánica, mientras que el sistema de control biológico humano (los nervios y los músculos), también están en interfaz con el sistema de control de la máquina mediante electrodos por la vía neuromuscular”, indicó el investigador.

La unión directa al esqueleto se creó mediante la tecnología en prótesis de extremidades llamada “óseo integración”, de la que son pioneros Rickard Brånemark, profesor asociado del Sahlgrenska University Hospital y su equipo. El doctor Brånemark encabezó el proceso quirúrgico del implante en cercana colaboración con Max Ortiz Catalán y el profesor Bo Håkansson de Chalmers University of Technology en este proyecto.

Anteriormente, el paciente utilizó una prótesis que se controlaba mediante electrodos colocados sobre la piel. Las prótesis robóticas pueden ser muy avanzadas, pero ese sistema de control las hace poco confiables y limita su funcionalidad.

Ahora, el paciente ha recibido un sistema de control que conectado directamente a sí mismo. Tiene un trabajo demandante a nivel físico, es un camionero en el norte de Suecia y desde la cirugía se ha dado cuenta que puede lidiar con todas las situaciones que enfrenta; todo, desde amarrar la carga de su tráiler, operar maquinaria, desempacar huevos y atar las cintas de los patines de sus hijos, sin importar las condiciones climatológicas.

Con estos avances se demostró que la tecnología puede ayudar a controlar extremidades artificiales. ¿Quién dice que la tecnología no nos ayuda a vivir mejor?

Credenciales

Max Ortiz egresó como Ingeniero en Sistemas Electrónicos (ISE) del Tecnológico de Monterrey en Toluca en 2005, cursó un año de intercambio en la Université de Technologie de Compiègne, en Francia; trabajó dos años en la industria manufacturera antes de unirse al Programa de la Maestría en Ciencias en el programa de Sistemas adaptativos complejos de la Universidad de Tecnología de Chalmers, donde obtuvo en 2014 el doctorado en ingeniería biomédica.