Mantén activa tu creatividad

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El momento en que llegamos a nuestra cima de originalidad y su duración dependen de nuestro estilo de pensamiento y de cómo seamos, a pesar del mito de la juventud como equivalente a creatividad, o de los prejuicios en el mundo empresarial hacia las personas que superan los 40 años, el psicólogo estadounidense Adam Grant, en su libro Originales, plantea que hay dos tipos de pensadores: los conceptuales y los experimentales.

Los primeros imaginan una solución mientras que los segundos extraen sus conclusiones de la experiencia acumulada. Los conceptuales son velocistas y brillarán antes, mientras que los experimentales son corredores de fondo y necesitarán más tiempo para realizar su gran aportación.

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Un innovador conceptual imagina la realidad y no necesita de un exceso de información. Los conceptuales son brillantes cuando se aproximan a una disciplina concreta y realizan su máxima aportación de manera temprana, pero luego corren el riesgo de copiarse a sí mismos. La cantidad de información que se acumula con los años juega en su contra. Sin embargo, los innovadores experimentales utilizan los experimentos para descubrir cosas nuevas, que no para reproducir ideas pasadas.

Como no todos hemos tenido la capacidad de inspirarnos a muy pronta edad, podemos desarrollar nuestra creatividad a través de la experimentación lenta y constante. Esto requiere que nos demos permiso para probar, para ser curiosos, para debatir lo establecido y para cuestionarnos a nosotros mismos. Ser flexibles con nuestros objetivos iniciales y abrirnos a lo que la experiencia nos va indicando en cada momento.